Sobre repartos, y empresas zombis y desorientadas

El valor de la pertinencia

Por delante, el parón necesario y obligado del verano sin verano. Un verano desfiestado, agobiante, con los deberes a medias y sin la certeza del futuro. Una pandemia de miedo, apuestas y supervivencia, en el que empresarios miran al detalle su negocio, el de su competencia y la situación global, reclaman a la Administración lo que creen justo o lo que creen les salvará de la quema o prolongará el fuego, a ver si entre tanto surge algún puerto inesperado y seguro. ¿Resistir a toda cosa? Conocedores no hay dinero para todo, a pesar del aluvión de pasta que llegará de la UE y del endeudamiento venenoso del Estado, muchos empresarios buscan salidas, y otros cuantos alternativas. Y aguantar para según quién puede ser la única vía. No hay risas por debajo en ninguno, pero sí en unos alivio de estar en un sector menos peor parado que en otro, y en otros agobio e inquietud por estar en ese peor sector malparado. Ver tu empresa sin rasguños, con su capacidad intacta para lanzarse a 

producir y servir, y ver que no puede ser, que el mercado ha desaparecido o es tan reducido que no compensa, o está en pleno cambio que no soy capaz de llegar a él, es una frustración e impotencia enorme. Ver un hotel ileso y con posibilidades y sin embargo no poder ser utilizado, se contrapone con el sector primario que está a plena capacidad, aun descubriendo sus fallas en el proceso y en el modo como trabajan algunos, caso de temporeros apiñados o algunos operarios en mataderos, y de difícil solución, ya que los grandes tensan tanto la cadena de valor que el sistema siempre peta por algún sitio y los descosidos se zurcen malamente a través de extrañas leyes de fuera del país, acuerdos internacionales, pactos que no sabemos y ayudas a los menos favorecidos. Remendar parece la norma.

Intuimos determinadas sangrías en algunos sectores, con capital deseante de comprar a precios bajos, o más bajos aún. En ello se está. E intuimos sectores que tienden a la fusión, aún más, porque piensan que competir por tamaño es lo que les salvará. En ello se está. Otros necesariamente habrían de concentrarse ante tanto desparrame y atomización, tipo hoteles, empresas de ocio, de restauración… A veces la innovación nace en pequeñas empresas, aunque luego sean compradas rápidamente por los grandes jugadores. ¿Ser más gordos es sinónimo de mejores y de mejoría? Pues ala, menos bancos y manufacturas y tiendas de ropa y casas de coches. La perfección es el monopolio para las grandes corporaciones; y la sensación de ahogo y falta de claridad la norma en la mayoría de micropymes y de autónomos, salidos como champiñones.

¿Cómo va a ser el reparto de fondos covid que tenemos por delante? En la anterior crisis financiera, a decir de determinados investigadores y periodistas, hubo rescates muy rentables para el bolsillo de algunos banqueros y directivos y políticos. La ventaja de disponer de buenos lobbies, contactos o de información privilegiada es fundamental para sacar sabrosas tajadas de un melón golpeado. ¿Podría volver a pasar con los enormes paquetes de estímulo económico destinados a paliar la crisis del coronavirus?, se pregunta mucha persona inteligente y sensible. Seguro que la colaboración esta vez también es una historia de amor.

Empresas desorientadas y zombis

Se dice el reparto no va a llegar sólo a las grandes compañías, que en algunos casos ni precisan tesorería; y se debería de huir de aquellas que por grandes que sean no tienen continuidad ni solvencia posible, las zombi. Que el capital quede atrapado en ese tipo de empresas es lo peor que puede suceder para una economía y la productividad de cualquier país. Elegir siempre es complicado, y apostar cada mano, carta a carta, fundamental. Tanto por parte de la Administración como del mundo empresarial, acotar bien la inyección es esencial, sabiendo la proporción correcta de a lo que renunciaremos, y la identidad que vamos a adoptar y justificar a prueba de pase lo que pase. Siempre son apuestas, con dirección clara y conocida, cosa que no veo del todo a estas alturas. No obstante, sin ser el reparto la panacea, es necesario, tanto como que las empresas han de espabilarse. A algunas habrá que ayudarlas a morir dignamente y a otras a reorientarse.
Hace unas semanas animé a unos empresarios a destrozar su negocio, y casi me parten la cara. Literal. Su fórmula les ha dado resultado durante estos 15 años atrás, pero ahora están faltos de ideas y de energía, a pesar de no sé cuántos mapas mentales, reuniones creativas y pósits acá y allá, que llevaban encima con su gente y con gente venida de fuera. Para nada. Sin espacio aquí para explicarme, su momento es el momento de abandonar la dirección, buscar un gerente distinto que haga lo que se necesita o venderla y dedicarse a otras cosas, incluso aposentarse en otro lugar distinto. Las resistencias propias de quien ha creado a la criatura cierran ventanas, y los inversores que apostaron a una resurrección, temerosos de perder su capital atrapado, confían en milagros. Lo de morir con las botas puestas ya sabemos es una película que acaba mal, además de manipulada históricamente.

Respecto a las que están algo desorientadas. No es que te olvides de mejoras incrementales, eso lo hace todo el mundo. Si se te ocurre algo realmente novedoso, este es el momento. Olvídate de la confianza, del apego, de la lealtad, de lo políticamente correcto, hasta de la plantilla que tienes. Intenta olvidarte también del cliente del todo. ¿Te preocupa el fracaso? Venga. A estas alturas es lo menos significativo. El camino de la imaginación a la sorpresa es lo que cuenta. Es el intento. Si resulta un fracaso, lustrará tu curriculum para quien sabe ver. Un sonoro fracaso enseña rápido y bien. Aprovecha estos días para desconectar y vagar. Aprovéchate de este impasse para dibujar, borrajear, curiosear. Rodéate de otras personas distintas a las actuales, viaja a un lugar que no hayas ido, lee literatura buena y no veas series que mira todo el mundo, conversa con gente que no conoces, prueba otros locos consultores, contrata en tu organización gente que no provengan del sector, que sean excéntricos, quizás te saquen del atolladero. Ten ideas insensatas. Si todo peta, que sea a lo grande y con elegancia.

Y si tu negocio no va mal, pues aprovecha para repensarlo. Institucionaliza el olvido, y cambia tu cartera de productos si llevas muchos años con ellos, introduce nuevos que te coman su mismo mercado o lo amplíen o lo modifiquen, pon límite al mandato de tus gerentes y mandos, o muévelos, deja al mínimo tu cuartel general y crea red, externaliza con los mejores, contrata a personas de fuera que colaboren y analicen tu cultura y formas de hacer las cosas, ponlas en tela de juicio y haz algo al respecto. Y si te das cuenta que hace tiempo no asistes a discusiones vehementes en el consejo o en el comité, es que algo realmente va mal.

Seguirá habiendo ganadores y perdedores. Nada nuevo. Lo que importa es lo que hayamos emprendido y aprendido. Pero empeñarse en mantener empresas zombis lastra cualquier recuperación, y quedar desorientado, cualquier oportunidad.

Roberto García Casado (©) 2020 _ Dentro de Ensayo del Olvido (11/..)
Director de Casado & López Consulting. Conferenciante.
_Reus, 11.08.2020_
rgcasado@cilconsulting.com