Un negocio llamado soledad

El multimillonario Masoyoshi Son presentó en 2010 la estrategia de su compañía para los próximos 300 años. Sí, he escrito ese número. Establecer la estrategia a ese tiempo brinda retos y oportunidades inéditas. Siempre hay citas a las que debemos de acudir con tiempo, sin adelantarse, pero con tiempo; y que nos perduren. Su estrategia se puede resumir en “llevar la felicidad a todo el mundo”, y la visión tecnológica que le guía pasa por curar los males que arrastran a las personas a ser infelices, señalando la soledad como uno de esos principales males. Ojalá lo consiga antes del 2310, ¿verdad? Sería un gran logro para la humanidad.

Parece este señor hace un análisis bastante certero sobre la soledad versus felicidad. Sólo en España tenemos uno de cada cuatro hogares unipersonales. La tendencia de los últimos años va en aumento; y curiosamente se rejuveniza y masculinizan los hogares de una sola persona: mayor proporción de hombre soltero. Si bien al avanzar la edad, y debido a la sobremortalidad masculina, son las mujeres viudas las que ocupan, en ese segmento, una cifra mayor. El aumento de la biografía de las personas hace de muchas de ellas unos “solos obligados”. No solo acá. Los datos van en esa direción en casi todos los paises industrializados. Alguien ha de preocuparse de esto, aunque sea colocando sensores de movimiento, pero de ahí a añadir lo de hacernos a la vez felices va un trecho. Pero ese es un nicho de mercado muy digno para ser abastecido. Nada que objetar a las estrategias y visiones.

Gestionar un tiempo con todo el tiempo del mundo es más que un infeliz oxímoron. Es como cuando el tiempo es precisamente lo que nos sobra, y cuando nos damos cuenta de que no sabemos qué demonios hacer con el mismo. No es el aburrimiento como enfermedad del “uy, no sé qué hacer ahora…”, tampoco hablo de autofobia, hablo de la soledad no deseada que viene a ser una de las principales calamidades a un mundo que se pretende humanemte feliz. Además, dicha soledad conduce a muchos hacia el aislamiento. Una espiral indeseada a la que se pueden sumar multitud de variables, también las de salud, y consume implacable a las personas.

Pues bien, Masoyoshi entiende serán los robots quienes solucionen este tema (lo anunció hace 10 años), de ahí sus grandes inversiones en tecnológicas. También trabaja, para su visión de “llevar la felicidad a todo el mundo”, en una comunicación telepática, con lo que los idiomas y las distancias, y con suerte los sexos y razas, dejarán de ser una barrera; aunque este es un tema que da para otra reflexión. Creo que fue en el 2015 cuando se funda Groove X (naturalmente financiado por SoftBank’s; y terminado en X, curiosa coincidencia con el articulo escrito el pasado mes), y al cabo de unos años presentan en sociedad a Lovot, comercializándolo desde hace poco. O sea, diez años más tarde de anunciar el inicio de su estrategia, parece ha recorrido un camino considerable. Lovot es una realidad. Su nombre procede de la combinación de los términos “Love” y “Robot”, con lo que da a entender el objetivo es el de “despertar sentimientos de amor” y crear un vínculo afectivo con su dueño. Adiós a la soledad! Probablemente la película Robot&Frank (2012) sea un excelente ejemplo de lo que preconiza.

Es posible que el grupo inversor observe las conductas humanas desde un punto de vista de ayuda, y se apoye en la tecnología como búsqueda de soluciones, o simplemente haga como se hace con los pecados capitales, monetizar nuestras carencias, debilidades y deseos. En mejores o peores cosas la tecnología nos afecta de lleno, pero si no somos capaces de conducirnos como lo hemos hecho durante milenios, o hemos perdido la fe en el ser humano, ¿por qué no sustituir las personas por robots? A lo mejor hemos construido una generación de pequeños monstruos en una sociedad monosílaba de sí y de no, o no tengo nada de tiempo o me muero del tiempo que dispongo, o lo quiero ya o pierdo el interés, … Si esto va ascendiendo en la línea de deshumanización, ¿es positivo la sustitución relacional del hombre y entrar en el terreno de la robótica emocional y del amor? ¿Estamos ya en ello? Gestionar ese vacío de la soledad ya es un reto tremendo actualmente, y lo será aún más en el futuro. Al menos, lo interesante es que Lovot no es compatible con Alexa ni con Google ni con otras redes. Y no sabe hacer grandes cosas como ponerte música, manejar programas informáticos, afeitarte. Parece ser no hace nada de especial, salvo lo mundano, acompañar. El mundo humano empieza a ser de otra forma así, tal como los negocios tecnológicos se expanden a las emociones.

San Pedro de Atacama 12/2019