El futuro tecnológico sin cuarentena

Visto el resultado y la agilidad, durante esta pandemia, con la que se están llevando a cabo reorganizaciones digitales y tecnológicas, es de esperar que el proceso se consolide y acentúe. Los resultados finales en términos sociales y económicos dependerán de cómo hagamos el proceso, un viraje calculado o una aceleración sin más. Bajo el argumento del miedo o de la imposibilidad de operar presencialmente, se pueden camuflar muchos intereses. Se habla de seguridad individual (nadie desea contagiarse), y de supervivencia y de competitividad organizativa (la empresa busca procesos eficientes y seguros que la permitan seguir operativa). Si bien, esta condición necesaria está muy lejos de ser suficientemente firme para sostener que la única vía de escape sea acelerando. La automatización y digitalización feroz en la que podemos entrar será un bucle con difícil salida, y con contraindicaciones sociales y mentales predecibles a las que hay que dar solución 

previa, de lo contrario, al final del camino todo parecerá lejano e irreal. Irrecuperable como el carbón quemado en la máquina de vapor.

En su extremo, llegará a no afectarnos emocionalmente acciones que hagamos desde la distancia. Digamos es como un Fortnite (videojuego de supervivencia y mundo abierto. Acaba cuando sólo queda un único jugador). Adentrados en el mundo digital y virtual, de forma casi completa, corremos el riesgo de descuidar la consciencia de lo humano. Será lento en personas de cierta edad, y en las menores muy rápido. Comienzas por olvidar la noción de lo cierto y de lo bueno. Te pones un traje y, sin salir de casa, manejas un dron que deja caer gases en una población, te levantas de la silla y preguntas, ¿qué hay de comer?, luego vuelves a por otro tema. Otra persona verifica y pasa informe de tu trabajo. Parcelado el proceso, ninguno tendréis visión global del mismo, salvo la perspectiva que ponga un manual o te cuente alguien. Podremos sin mayores pesadumbres, y sin que los fantasmas nos visiten, relacionarnos virtualmente, despedir virtualmente, eliminar proveedores virtualmente, contratar servicios, hacer que viajen millones de dólares y puestos de trabajo de un país a otro, jugar con la deuda pública desde una playa privada. Ejemplifica tú mismo. Me asusta tanto posibilismo en ese futuro, donde la narrativa construida es que es lo deseable, lo único, lo imparable. Y sobre todo ahora.

Existen experimentos inquietantes, como el clásico de Stanley Milgram, que hace suministrar cargas eléctricas a alguien que está en otra sala si responde erróneamente a determinadas preguntas. Tú le oyes sufrir (imagina ni le oyes), pero continúas apretando el botón y subiendo la intensidad de las descargas. La sorpresa de los investigadores fue que, con tal de seguir la autoridad y las normas, más de la mitad continuaron suministrado cargas hasta la “letal”, ante los gritos desesperados de la otra persona que finalmente ni se escucha. ¿Dónde quedará lo humano, o qué humano quedará?

Markus Gabriel, filósofo precursor del nuevo realismo, comenta sobre Silicon Valley que se trata de una mafia que lo que pretende es “vender productos bajo la promesa de que éstos serán la salvación del ser humano” ¿Necesitamos ser salvados?, ¿de qué? Sin duda ese es su negocio y, claro, han de loar alto y nítido las ventajas porque comen de ello, y porque desean el absoluto dominio. Lo que no entiendo es a tanto bendito profeta cómo propaga esa buenaventura. Las consecuencias de una introducción salvaje, sin control ni normativa clara presentan unas consecuencias socioeconómicas devastadoras. Ya vemos cómo el automatismo constante y la globalización, dejan un balance desequilibrado entre empleos generados vs los perdidos, y en otras partes del mundo genera esclavos. Un mundo más desigual e injusto. Más tecnología incluye eliminar humanos del sistema, reconversión laboral forzosa y desechar a otros como merma. Implica una mayor aproximación de la condición de humano sólo a quien es productor y/o consumidor, y si esto lo digitalizamos y virtualizamos, casi que ni es humano la cosa, y podremos hacer lo que consideremos con ese animal resultante. Sin remordimiento.

El proceso digitalizante y de asimilación cognitiva está lanzado de hace tiempo, y cuenta con partidarios y algunos detractores, intentando descabalgar toda esa filosofía transformacional y transhumana. No ha avanzado más aprisa, no por razones tecnológicas, de conocimiento, materiales o compra de voluntades, sino por dos puntos. Tenemos un cuello de botella grandísimo en la captación de talento. El mercado laboral no da para tanto, no existe el número suficiente de profesionales como para gestionar ese nivel de automatización y digitalización, de ahí el interés y prisas en la inteligencia artificial y máquinas que aprendan ellas solas, y sean capaces de hacer más máquinas que sean capaces de desechar más humanos, y al final a los creadores de la segunda máquina. Acaba cuando sólo queda un único jugador, recuerda. Por otro lado, la sociedad, sin cuestionarse el fondo, no asimila tanto cambio en tan poco espacio, de forma que se ha de ir haciendo gradualmente. Viviendo como los ingenuos, en un presentismo continuo al que nos han enfocado, estamos en el justo momento donde la rana metida en la cazuela con el agua hirviendo no es capaz de darse cuenta de su final.

El mensaje subliminal es que tú eres el centro, como persona digital productora-consumidora única que eres. Un nuevo impulso estos años de crisis y la sociedad aplaudirá digitalizar nuevos negocios, suprimir más empleos, descolgar el teléfono y hablar con máquinas todo el día, llevar a cabo los trámites de la administración directamente a través de una web, que un robot te traiga el paquete que has comprado por internet, y que pagues y veas por la pantalla el gran concierto del año atrincherado en tu sofá, no vayas a contagiarte de algo, y de paso ayudas al medioambiente. Haz deporte en tu hogar, en esta aplicación encontrarás todas las rutinas que se ajustan a tu metabolismo analizado, y por un precio ridículo. Mantén un hábito mesurado, aquí tienes tu dietista virtual. Busca cómo entroncar tu propósito de vida con el propósito social y te sentirás reconfortado/a. La felicidad digital en cuatro pasos. Estas o parecidas serán las grandes experiencias y soluciones que venderán siete empresas, tres consultoras y dos ingenierías. Y a los que no estén en esta carrera (¿25-30% de la población activa, y 80% de los jubilados?), una renta mínima y visitar centros de caridad y de asistencia social. Total, sólo son humanos. La natalidad continuará bajando, pero bonificaremos a mujeres muy concretas que se inseminen y, de regalo, un satisfyer.

El confinamiento analógico es un gran ensayo. Nos vemos poco y en la distancia, saludamos desde un balcón, los alimentos siguen ahí milagrosamente, y contemplamos el mundo como algo táctil y ajeno. Es la cotidianidad, amigo, a la que te acostumbras, tu nueva zona desafiante de confort. Un ensayo de aceleración digital enorme, y análisis de conductas. ¿Nos reconoceremos al salir?
Está bien contar con formación enlatada, pero ¿toda? Son útiles las reuniones digitales, ¿pero no se escapan detalles? Es fabuloso el ligoteo en la red, ¿y ya está? Prefiero un robot a un exoesqueleto, ¿seguro? Etc. Bueno, en el mundo empresarial, el trato laboral con una persona es más complejo e impredecible que con un robot o un algoritmo, que además no fallan ni piden descanso. En eso cuenta el nuevo mundo con mucha ventaja, y cualquier empresario y directivo de bien lo habrá de preferir, así como toda persona normal comprender. El discurso se vuelve economicista puro, y acaba con: “si no me transformo, estoy fuera del mercado”. A lo mejor hemos de poner en confinamiento esa frase, y de paso esta otra “el consumidor es muy listo y sabe qué compra y a quién”. Sabemos el consumidor no es tan listo y, cuando nos dejan elegir, tampoco conocemos la trazabilidad de lo que adquirimos ni indagamos en los entresijos de las compañías, sencillamente compramos por otros criterios. Una parte de la solución viene por trocear empresas (cuasi) monopolísticas, y crear una normativa y principios éticos que vigilen determinados parámetros en determinadas firmas y negocios y, si no se cumplen, sí que ponerlas fuera del mercado. ¿Es más intervencionismo?, puede. De lo contrario, ya sabes, más carbón y un único jugador.

Roberto García Casado (©) 2020 _ Dentro de Ensayo del Olvido (3/..)

Director de Casado & López Consulting. Conferenciante.

_Vila-seca, 19.04.2020_

Publicado en Indicador de Economía_mayo/2020

rgcasado@cilconsulting.com