Multiplicador: La “X”

Cierto que recuerdo a Bre-X, compañía canadiense fundada por David Walsh en 1989, y protagonista en el 97 del gran escándalo y fraude de la minería de oro. Muy ilustrativo de la condición humana, desde luego. A algunos le sonará por la película Gold (2016) -La gran estafa en España, o El poder de la ambición en Hispanoamérica. En su momento de máximo fulgor todos soñaban en poner una X a sus empresas. Su fulgor fue breve, desde luego. Quizás de ahí le surgió a Eike Batista la idea de colocar a todas sus empresas la terminación de “X”, como símbolo de la multiplicación. Los panes, los peces y el vino mezclado con el petróleo, la minería, la logística, … (Grupo EBX: OGX, MPX, LLX, MMX, OSX, IMX) . Como un pretencioso dios menor contoneándose pavón, azuzado por el éxito y más por la ambición, amasó en menos de un decenio una gran fortuna que se volatilizaría en meses, pasando de casi $23mil millones a poco más de $600 en año y pico. Se quedó como un pobretón cualquiera. Corría 2013, y aquel hombre de carisma, vital, que disfrutaba con la ostentación y el despilfarro, con buenos contactos, con mucho trabajo y disciplina sobre sus hombros, que gustó durante años de exhibir su suerte, triunfos y fortuna, aquel hombre todopoderoso, de repente un día de primavera desapareció, o como si así fuera, al menos de las redes y de los medios.

Eike Batista estaba cargado y despierto de imaginación, curiosidad, ansia y tozudez. En su momento representó la pura encarnación de un emprendedor, de un sueño, y no sólo en su Brasil. En todos los brasiles hay ejemplos. Una de sus pretensiones era construir un sistema en el que los emprendedores audaces e innovadores prosperaran en su país. Muy loable. Pero una persona ambiciosa ya sabemos que habitualmente se marca más de un objetivo, e incluso los prioriza. Por sobre todo, deseaba ser el hombre más rico del mundo. Y como para cualquier persona a la que guíe tan trascendental propósito, poca importancia concederá a frecuentar los demonios. Eso son cosas triviales, sin duda.

Tan relacionada está la ambición con los deseos, las emociones, los sentimientos, … que se hibridan, y hasta surgen humanos desconocidos en su querimiento por el más y más poder, riqueza, fama, sexo. El deseo deviene en éstas como la ampliación de posibilidades fantásticas, y la ambición te centra y concentra en el foco. Actúa como acicate, a pesar de obstáculos y penurias, para lograr la meta. Toda avidez requiere esfuerzo, voluntad, atención y rigor. Por supuesto, nada tiene que ver el estar bien tal como uno se encuentra o con la situación actual y sin embargo aspirar a más. A veces no conseguir algo nos quema, y esa intranquilidad del espíritu nos mueve. Bienvenido. Sin una carga de ambición, el liderazgo cojea. Hace más el que quiere que el que puede, pero el ambicioso hace lo que se puede y más aún. El asunto es hasta dónde eres capaz de involucrarte en tu determinación, el sacrificio que aplicarás y el lastre de infelicidad obsesiva que puede conllevarte el caer en el cepo. No es moderar o modelar la ambición, sino que sea honesta con la empresa y la sociedad donde vives. No basta la honestidad con uno mismo.

En todo caso, no cabe la menor duda que la ambición es un multiplicador necesario en las empresas prósperas. Una buena combinación para el éxito estriba en la justa proporcionalidad de talento, liderazgo y ambición. Juntos y de la mano son los que empujan los negocios a la cúspide. ¿Dónde nos hubiéramos quedado sin esa suma multiplicativa? Sin embargo, la ambición per se puede destruir todo, por mucho talento se disponga. Carente de una sana ambición a una empresa le falta una parte de la esencia. Inconformista con los mediocres y los necios, ésta es la que lleva a plantearte los retos complicados futuros en los que casi nadie cree o piensa o ve, persistir en las ideas con tesón, superar miedos, y a buscar la excelencia. Si en estas estamos, talento+ambición, ¿es el talentoso sin ambición un desperdicio?, ¿qué pasa con el ambicioso sin talento? como puede ser esa ambición apadrinada o impuesta, o esos ciertos enchufados a los que se les sujeta por ser quien es o por herencia. ¿Qué pasa con los que se ven empujados a hacer grandes cosas por el simple hecho de un apellido, un cargo o un ego de caballo? La ambición sin talento secunda multitud de desastres, y los hay con un optimismo bárbaro, como en el caso de Eike a quien le achacan, negativamente, su gran optimismo. En sus empresas sólo promocionaba a quien le traía buenas noticias.

Expulsado de la lista Forbes de los 100 más ricos del mundo y condenado a 30 años de prisión por corrupción y lavado de dinero, Eike Batista sopesó sus alternativas y opciones. Y así fue como aquel día de primavera, a quien gustaba hacerse notar, desapareció, como lo hacen los viejos o desheredados, aunque se resistiría a ausentarse del todo, es cierto, ya que hace un amago por convertirse en un héroe youtubero. Buscó redimirse dando consejos empresariales sobre productos e infraestructuras. No lo logró. En junio de 2013 enviaría una carta a los diarios brasileños en la que se pregunta ¿dónde me he equivocado?, y después de eso ya trata de ocultarse del todo y para todos. María Martín escribe, refiriéndose a esa misiva como su “obituario empresarial”, que Batista haría dos cosas (él es quien lo cartea): mantener su vida lejos de los focos, y sus empresas, de los mercados. ¿Y ya está? ¿Se acaba la ambición así sin más, … o se transforma? Quizás para cuando acabe con el lío que se trae con la justicia de su país, el mundo habrá cambiado tanto y será tan anciano que con su bondad, templanza y modestia adquiridas no bendecirá ninguna tierra nueva ni proyecto empresarial distinto, pero estará en paz. O a lo mejor infiere otra manera de mirar los números, los signos y la vida, y renace emprendedor ecológico. Eso con suerte. O quizás, en sus últimos momentos, sólo le venga un vago recuerdo de que un día casi logró ser el hombre más rico del mundo. O igual, ni lo sabremos. Esto casi que es más exacto.

Publicado en Indicador de Economía, enero 2020.