Liderazgo Narciso

Es frecuente conversar, a lo largo de las intervenciones como consultor, con el cliente sobre el mito de Narciso, también sobre otros, claro. Pero Narciso ejerce una atracción muy especial, un poderoso influjo para muchos dirigentes, sobre todo si son estos quienes han creado la empresa, pero también para aquellos que la consideran suya o una extensión de su yo, o para los sucesores. Antes de entrar con el bisturí, pienso sinceramente que todo líder ha de tener un porcentaje de narcisista.

Una parte de este mito recuerda la figura de un Narciso asomándose al borde del espejo de agua, y viendo su propia figura. El desenlace lo conocemos todos. De forma simple, los mitos evocan historias casi siempre dramáticas y sagradas de algún antepasado, de tal forma que dan explicación a fenómenos ya sean naturales o no. Forman parte de la religión, de la magia, de la cultura, de la sociedad, y utilizan sus mismas simbologías; del mismo modo permiten al hombre situarse en el tiempo y en el espacio, unirse tanto en el presente como en el pasado y en el futuro. Esto parece que es aceptado así por una gran mayoría, lo que facilita que el mito no pierda valor, o sea que es intemporal. Esta misma fuerza es la que le otorga a los grandes líderes que también son verdaderos creadores y contadores de cuentos, de mitos, el hecho de inventarse historias, alegorías, parábolas, que siembran en la organización para germinarla más fuerte.

Quiero indicar que el líder narcisista reúne grandes competencias para dirigir una empresa, normalmente es una persona brillante, capaz de crear casi de la nada, de diseñar organizaciones y dirigir muy enfocado hacia las metas. Es alguien que se cree muy especial, un ser casi único, o único del todo. Sabemos que se ama tremendamente, lo que no es malo en sí mismo. Eso sí, precisa que en su organización nadie posea todas esas cualidades que cree le hacen especial, o de lo contrario le destruirá. Y si hay alguien que cuenta con otras que él las toma como rivalidad, también será destruido.

El narcisista nunca se equivoca, omnisciente, prepotente, es el garante de la salvación de la empresa, de ahí que su estilo sea más autoritario que otra cosa. Él tiene todas las respuestas y todo el conocimiento, que quede claro.

Otra parte quizás menos recordada de este mito es la figura de la hermosa ninfa Eco, quien le amaba desesperadamente, y ante la ausencia de su amado aún es hoy que le busca por los escarpados, los acantilados, y todos aquellos sitios que son capaces de devolverla su voz solitaria y casi desvalida. Esto nos adentra en cómo es su comportamiento dentro de la organización, con su gente. En el fondo es una persona insegura y envidiosa, pero inteligente. Envidioso, y consciente de que a su lado hay gente valiosa, y dado que en teoría es él el único que tiene todos los valores, cualidades, y competencias del mundo, precisa que nadie más tenga todo eso. Sólo busca que seguidores. Creyéndose el centro de todas las miradas es incapaz de seducir a su gente, de convencerla, de implicarla, de desarrollarla. En su equipo por tanto o mienten para parecerse a él o para que escuche lo que quiere oír, o se callan la boca; no precisan pensar, ya te dirá él lo que has de hacer o no. Después el narcisista se queja de que todo le revierte, de que él es quien ha de tomar todas las decisiones por nimias que sean. En definitiva, reproduce en toda la organización su estilo, una única manera de pensar y de hacer, que se le imite, que sea capaz de verse cuando mira a sus colaboradores; pero ¡ojo!, que no se pasen que los devorará. El agua a veces no refleja toda la grandeza. En todo esto podríamos extendernos, y añadir e interrelacionar otros mitos como Pigmalión o Saturno o…

Las personas de su equipo o se hacen como él quiere o se van. Es ahí donde radica una gran parte de la rotación en las empresas con todos los costes de oportunidad que ello implica, y también es ahí donde radica el estancamiento de la empresa cuando al narciso se le seca la sabia.

La pregunta es qué podemos esperar de una empresa así, de un tipo de liderazgo así. Hablábamos el otro domingo algo sobre la magia, el cambio, … El cambio, la innovación no es posible si permanecen constantes las actitudes, los valores, los comportamientos, la falta de diversidad en el pensamiento. El cambio quizás se entienda mejor hoy en día desde las teorías del caos o de la complejidad; pero el narcisista es el mejor, no hay nadie a quien le adornen tantas cualidades, por tanto, no ha de temer una reacción del exterior, de sus competidores. Esta es una hipótesis que no llega a contemplar, ¡sería imposible!, cualquier idea se le ha de ocurrir a él antes que a nadie; entonces ¿para qué mirar hacia el exterior?

Ahora bien, la dificultad estriba en distinguir a una persona auténticamente narcisista –si llevasen un papel en la frente pocos se unirían a su equipo-, sólo los muy observadores predicen indicios, es más, sólo se descubre con el tiempo y con la convivencia. Quiero decir, sufriéndolo en nuestra propia carne a medida que le vamos conociendo. No están al servicio del grupo, incapaces de disfrutar del proceso que lleva al éxito hasta pierden de vista las tareas y la meta con tal de mirarse el ombligo: son guapos, realmente guapos, pero dan miedo.

Y dos formas de acabar, una: Narciso no deja de ser algo más que un cuento de amor. No dejar de advertir si alguien estos días escucha la voz de Eco de avisarla que Narciso aún no está muerto, que siga llamándole, y cuando le halle a ver si le puede cambiar (el coaching es una fórmula?). O esta otra: La realidad es que Narciso, personaje de la mitología griega, al verse reflejado en el agua y al no poder conseguir el objeto de su pasión, murió solo, de melancolía e inanición, transformándose en la flor que luego recibiría su nombre, y ahí es donde radica al menos una acción, si bien involuntaria, de transformación y pensamiento desinteresado hacia la sociedad. Se ha reinventado el mito.

 

Publicado en Diari de Tarragona, Economía y Negocios, 21.12.2003