Estrategia diodón

En el mundo animal la ferocidad, astucia, agresividad, es una constante cuya base podemos encontrarla en la territorialidad, la dominación, el miedo, el instinto sexual, … También toda Organización, para crecer, para mantenerse, ha de ser o mostrarse (de alguna forma) feroz, e igualmente la base podemos descifrarla en todo eso que mencionamos, pero que muy a menudo se resume en supervivencia. Generalmente estos comportamientos se manifiestan con actitudes que son en sí mismas una advertencia, y cuya mímica particular varía de un sector a otro. A veces se llega hasta el combate –y hasta la muerte misma de alguna de ellas- y otras, si se cumple el objeto que se perseguía (huida, sumisión, absorción, … del oponente) desaparece mientras no se produzca un nuevo estímulo. En este aspecto resulta interesante observar los distintos sistemas de intimidación. Guillén, mi hijo de siete años, es quien me enseña esto y me sumerge en un mundo animal metafórico, quien sin saber actúa como un facilitador de conocimiento y hace que extrapole hacia la empresa. 

En el mundo animal tenemos abundantes muestras de este tipo de intimidación, tanto de ataque como de defensa, de camuflaje y demás característica: muecas, aspectos repulsivos o temibles, dientes enormes, tinta de calamar, e incluso criaturas tan atractivas como las actinias o las anémonas, cuya existencia inmóvil les ha hecho desarrollar una belleza que les lleve las presas a la boca. Y aun así todo este abanico de intimidación no es nada si no desarrollan al mismo tiempo la capacidad de adaptación al medio: adaptarse o desaparecer (nada nuevo bajo el sol). En esta lucha sorda sólo los mejores sobreviven, y trasmiten a sus descendientes esa facultad y conocimiento que a ellos les ha salvado, al menos de momento.

En El Arte de la Guerra, de Sun Tzu, leemos: “La excelencia en el combate consiste en vencer la resistencia del enemigo sin luchar abiertamente con él”, lo que equivale a que la mejor estrategia es la que permite vencer con la mínima lucha –y mejor sin luchar-. Lo cierto es que vivimos entre depredadores, y sin duda generalmente un depredador tiene una idea preconcebida de lo que busca, lo cual ya es una ventaja para los que podamos ser sus víctimas –o sus verdugos-, ya que esto le imposibilita a la vez de ver más allá, de encontrar otra cosa distinta a lo que buscan, circunstancia que podemos utilizar como estrategia de flanqueo, de camuflaje, despiste, o de atacarle en su punto más fuerte. Hay un pez, llamado diodón, que se infla cuando se asusta o se ve en peligro y adquiere la forma de una esfera punzante. Se trata de un pez pequeño y que sobrevive a sus muchos depredadores, más grandes y más fuertes. La mofeta arroja un líquido nauseabundo, cáustico, de olor indeleble, que oculta su rastro a animales de fino olfato.

En este entorno selvático todo es prudencia y temor, ataque rápido y reserva, alianzas y traiciones, equipo e individualidades. Las constelaciones del miedo y de la valentía adquieren formas insospechadas de visiones a corto plazo y replanteos tácticos continuos; el miedo ha de pervivir-instalarse cómodo en el ánimo ante peligros reales e imaginarios, presentes o futuros. Así el acierto en las Organizaciones es la involucración y alineación de todos en un mismo todo, una suerte en tiempo real y simultaneo de análisis, planificación, ejecución, control y evaluación a la vez. Lástima –y suerte para otros- que algunos empleados pasen años sin toparse con un cliente, o ver siquiera a un depredador de la competencia; o que sean los mismos líderes o un reducido grupo quien lo favorezca, y se crean además en la necesidad de llevar a cabo de forma solitaria esta tarea, que provoca instintivamente la indiferencia del resto, ya que es cosa de los de arriba o al lado, de los grandes predadores de nuestras más o menos pequeñas-grandes empresas.

Tanto en el mundo animal como en el de las organizaciones existen multitud de paralelismos. En todo caso (no recuerdo muy bien dónde lo leí) esto siempre es lo mismo, en la selva todos los animales corren, la gacela para no ser cogida por el león, el león para coger a la gacela, y así sucesivamente; sólo debemos descifrar cuándo correr y en qué dirección. Y si no nos hacemos una esfera punzante y punto.

Publicado en Diari de Tarragona, Economía y Negocios, 21 de noviembre de 2004.