Dirección de personas

A través de una conversación entre dos amigos, el articulista analiza los cambios que se

están experimentando en la gestión de los recursos humanos. (J.S.)

Comía con mi amigo Carlos en Madrid, al que no veía desde hace casi cinco años. Aún no es momento de echar la vista atrás (estoy convencido), pero esto del tiempo va muy deprisa, y cuando te encuentras con alguien así lo primero que haces es rememorar las “cosas de entonces”. Habíamos hecho la mili juntos, y luego como quien dice convivimos juntos en mi corta temporada de la capital, etc. Carlos es un médico especializado en temas de riñón y me cuenta anécdotas desconocidas y me habla del comportamiento en los hospitales, o en el hospital donde él trabaja. Me encanta escuchar a las personas que saben descodificar los “dramas” y traducirlos en un cuento sobre el que aprender, sacar lecciones, transformarse, etc.

Carlos es genial, un introductor en ambientes, un descifrador de misterios, y la persona a la que acudía con mis inquietudes y dudas. No sabía mucho de lo que hacía en mi trabajo, pero me ayudaba a despejar la broza, o a reflexionar en cómo pensar yo en despejar la broza.

Esto del riñón es un órgano que tenemos a pares, Carlos lo dice con la boca grande y piensa que ojalá tuviésemos muchos más órganos así. No sé porqué lo piensa o a qué órganos se refiere. En los hospitales tenemos una serie de fauna tremenda, y esto es así y no hay quien lo cambie; todo está estructurado, me encanta porque da la sensación de que los procesos (protocolos) sean predecibles, tenemos un entorno estable –dentro de lo que cabe- y claro, los resultados casi vienen dados, o casi los sabemos de antemano. Si nos entra un producto –entiéndeme, órgano- defectuoso sabemos qué hay que hacer, cuándo, quién, cómo.

Bueno, le dije, casi casi como en el mundo de la empresa donde yo me muevo, bromeé. Carlos se ríe como entonces, le miro a los ojos y le reconozco, con esa sonoridad irónica de un hombre grande. Y añade, mira Roberto, lo bueno de un riñón es que elimina de la sangre los productos catabónicos y demás sustancias nocivas, que ya sabes cómo lo expulsamos.

La verdad, me sorprende. Tampoco recuerdo muy bien lo que es eso de cata… -volvió a sonar su risa, y me interrumpió: Sin duda en alguna empresa también se hará eso de eliminar de su sangre alguno de esos productos, explícame tú.

¿O sea, te refieres a que si existen mecanismos en las organizaciones para suprimir de su catálogo productos? –pregunté escéptico. Me es indistinto, si productos, procesos, personas, … –respondió algo distante.

Imagino que eso siempre pasa, es continuo, de lo contrario muere. La empresa también es algo vivo, y cuesta un riñón llevarla bien. No sé lo que sucede con las personas a las que has estado en cierto modo ligado, que aunque pase tiempo es como si siguieras en el mismo punto de encuentro o sintonía, con la ventaja que les ves venir.

En mi equipo estamos bajo mínimos, y llevar esa sobrecarga sí que cuesta. Además, nos ha entrado hace poco una persona en Dirección de Personal (dí mejor de Personas, quise corregirle). Bueno, es lo mismo, el caso es que esa chica joven que no sabe nada, porque sólo tiene teoría, nos trata de meter ideas absurdas.

¿Podrías ser un poco más explícito?, le pregunté.

Tengo claro que el tema está en acortar los tiempos (que es dinero) en la estancia, por ejemplo, de los pacientes, que es mi cliente; en atenderles lo mejor posible, en fin, pero de ahí a que digamos atienda a otras personas dentro del hospital –que dice que son mis clientes internos- va una diferencia, ¿no?

Me quedé un momento observando sus ojos y la comodidad de sus manos sobre la servilleta, y por un momento no percibí más que una confirmación en su inquietud a que realmente las cosas varían. Tras la pausa, que el silencio quise que fuera más largo de lo habitual, le dije: No sé Carlos, tú no eres un residente, ni un medico más, y el papel que asumes, de directivo en definitiva frente a tu equipo, en general cambia a gran velocidad. Lo mismo que comentabas en relación a los tiempos frente a tus pacientes, lo es en los tiempos en servir una prenda, por ejemplo, y que involucra a más de una empresa en esa sincronización.

Ya, pero es que ella pretende reducir todas las estructuras directivas (por ejemplo), que la información viaje sola y por medio de estas tecnologías nuevas. No sé cómo explicarlo, quiere hacer que la autoridad y la responsabilidad recaiga más cada día en los empleados de más abajo. Tampoco asume su responsabilidad y está “desintegrando” todo su Departamento.

Tendría que tener más datos… Varias cosas, a priori es bueno que la gestión de las personas recaiga justamente sobre sus mandos y no que esté centralizado en como dices en un Departamento. Precisamente eso es lo que hace que el mando se convierta más en un preparador, educador, entrenador, … que en otra cosa. Y esto sí es un cambio importante tanto para el directivo o mando, como para las organizaciones que se están construyendo, organizaciones sistémicas, que aprenden, y que es en sí un gran valor competitivo, intangible, sí, pero muy difícil de copiar por la competencia, no como un producto, por ejemplo.

Sí, eso son equilibrios extraños entre cultura, métodos, estructura, personas, … ahora experimentamos estas experiencias, dice esta chica joven. Entonces, Roberto, qué es lo sustancial y qué es la marea que nos viene a los pies y que nos hace ir hacia atrás o hacia delante o…

Por un momento dudé en si los papeles habían un poco cambiado, y ahora era él quien venía a mí con sus brozas; pero ese aire socarrón suyo me hizo sonreír. Carlos, le dije, ¿se puede vivir sin un riñón, o se malvive?

 

Publicado en Diari de Tarragona, Economía y Negocios, 15.02.2004