La tentación y el management

¡Ah, la tentación! Ese resorte estímulo que te empuja casi siempre a hacer algo que no es correcto, o especialmente inconveniente. Guarda un secreto (excitante casi siempre), un halo de misterio, una curiosidad; es tan atrayente que por qué voy a dejarlo pasar. Espontánea, surge como de la nada, uhmmm me apetece…, me comería…, si bien es fácilmente saciable.

 

Miras alrededor y todo encaja, por la acera he observado voluptuosidad en todas las formas comerciales, una suerte de imágenes publicitarias y de contornos que te van recordando lo que significa la tentación. Los fabricantes de deseos triunfan en la medida en que hay poder económico para sujetarse, inventan, y hacen que sacrifiques otros gastos para conseguir el objeto tentador. No es tan fronteriza como pensamos, ni tan poco convencional. La tentación se ha infiltrado en nuestras mentes, costumbres, y modos. Un quinto evangelio, que tiene consecuencias en la vida interna de las empresas al margen de las individuales.

Oscar Wilde escribió: “la única forma de vencer una tentación es dejarse arrastrar por ella”. Y un personaje de la película Scarface: el precio del poder, señala “nada satisface tanto como el exceso”, de ahí que a veces nos damos órdenes para ir en una dirección o hacer una determinada cosa, y sin embargo no las obedecemos. Por ejemplo, no quieres comprar un producto y sin darte cuenta ya lo estás consumiendo. Recuerdo una vez que en el receso de una jornada, un directivo me confesó que deseaba más que nada el fracaso de un compañero suyo, pero su propio deseo de éxito le impedía en muchas ocasiones dejarle en evidencia, aunque a veces le vencía la tentación y después se torcían los objetivos. Se sentía fatal el pobre.

No obstante, no debemos confundir la tentación con el capricho, que cuenta con otras connotaciones: ¡Está en ese negocio por puro capricho! Este es algo pasajero e insustancial, sin base, pero cuenta con mayor impulsividad, y en ocasiones más pernicioso.

Todo esto da mayor fragilidad a las relaciones humanas, claro. Vivir en un mundo con tanta tentación requiere de una voluntad y disciplina enormes, y en desuso en el mundo occidental. La tentación sale de un ámbito casi de intimidad, para penetrar en esferas relacionales y empresariales. Demasiadas personas soportan mal el aplazamiento o la demora del placer, de ver cumplidos sus deseos de manera inmediata. Pero, ¿es posible movernos en curvas de tentación y capricho, y que nos vaya bien? ¿Cómo se manejan las empresas en este terreno? La tentación no acaba jamás; unas fagocitan a otras, vive en nosotros y teje redes a veces muy sutiles. La tentación devora como la solitaria y nos engorda. El pecado, quede dicho, es el consentimiento de ella.

El manager convive en esa concupiscencia intraducible. Conozco a quien se siente cómodo (otras presionado), gestionando más con la anarquía de la tentación que con la fortaleza del autocontrol. Y, a veces, hasta saca mayor provecho. ¿A quién entregarse, pues, en estas circunstancias?