Mutantes Millennials

Muy en resumen, durante un tiempo gobernaron los magos, que vislumbraban el porvenir con clarividencia, hasta que apareció la máquina de vapor y antes una alianza jamás vista de descubrimientos y divulgación de la sabiduría mediante la imprenta, que desemboca todo en la llamada industrialización.

Al principio de esa era industrial, el capitalismo lamentaba la escasez de mano obrera, la resistencia a abandonar el medio agrícola, o gremial, artesanal, de especialización y autónomo. Sí, existió una resistencia a la proletarización, a depender de un salario; y las empresas desarrollaron estrategias para crear atracción y un nuevo cambio cultural y organizacional del mundo. Las mutaciones, pues, también son culturales y de más tipos, no sólo biológicas o genéticas; aunque sobre estas se escriba a menudo. Las sociedades cambian, y las formas de entender y enfrentarse al mundo también; como los cánones de belleza. A lo mejor la rapidez no es tan esencial como la contundencia, como sucedió en esa transición al mundo industrial, lo que provocó rupturas sociales y económicas radicales; destrozó un mundo rural de dispersión territorial en pos de una concentración urbana, de especialidades y gremios, etc.

Las estrategias ya sabemos que no son definitivas, duran menos que las visiones, y no sirve pensar una vez al año, ¿a finales de año? Es un “disparar, disparar, disparar” que anunciaban ya los autores de Karaoke Capitalism. Cuando planificamos no dejamos de intentar modificar el futuro, o al menos influir en él de tal forma que nos ofrezca alguna ventaja. No es predecible (ojalá!), pero al menos queremos que sea anticipativo. Mudamos de piel, aun reteniendo la esencia de cada uno, como si la sustancia nos alargara la permanencia. La cultura y los valores cuentan pues con más recorrido que las estrategias, incluso las políticas.

Tal aquellos años del inicio industrial, son estos, embrionarios. El capitalismo en esta ocasión ha de estar necesariamente feliz, Mejor estructurados los estados, legislaciones más sofisticadas, mayor desestructuración de las familias, .. ahora puede disponer de lo que quiere cuando lo precisa, y no pagar nada más por ello; contar con núcleos duros en sus matrices (cada vez más pequeños, gracias a las tecnologías), mano de obra intensiva y flexible cuando es requisito, outsourcing del resto, una población flotante y que con suerte rotará a menudo, y, como siempre,.. sólo esclavo del talento, de un reducido grupo de talentosos que sí que se pueden permitir algún lujo (si disponen de tiempo) siempre y cuando estén constantemente atentos a las novedades, sean curiosos, insaciables, estén dispuestos a moverse geográficamente y a no tener horarios.

En este contexto mutante que experimentamos en la actualidad, los vaivenes en las organizaciones son constantes. Todo el mundo opina y razona; si bien vivimos en muchos mundos a la vez (querámoslo o no), en unos es necesaria la polivalencia, la multicompetencia, en otros el desaprender y volver a aprender, en otros la super-especialización, .. Constantemente aparecen nuevas modalidades de empleo, nuevas formas de trabajo, de organización. Una inundación de conceptos, y en ingles mejor, como: crowdsourcing, outsourcing, coworking, networking, crowdfunding… Y entre la fauna, son los Millennials, no tan perdidos en la estadística española, 8 millones y poco, los que copan mayor atención ‘literaria’ en esta fractura, luchan por dejar de ser porvenir para hacerse más presente. Nacidos bajo la sombrilla de la prosperidad, más preparados que la anterior generación, impacientes, egocéntricos,… Confundidos entre el efecto placebo y el efecto expectativas, ahora se encuentran que casi la única salida es el self-employed. Es cierto que las palabras de horarios férreos son menos seductoras que la flexibilidad, o el ser tu jefe llama más la atención que jefe directo. La liberalización conceptual viene dada por palabras como más libertad y creatividad, que tanta innovación ya nos aturde; o eslóganes como haz tu vida y trabaja en lo que quieres.. ¿Cómo definir precariedad en esta forma de entender?, ¿dónde queda la certeza y el compromiso?,..

Sí, quizás la mutación que vivimos no deje de ser una profecía autocumplida en el caso de esta generación, si no hay trabajo como hasta ahora se entendía nos inventamos cómo ser autónomos y autoemplearnos, tener nosotros el control, o sea como volver a agremiarnos en red siendo especialistas en algo, como los antiguos pre-industriales herreros, artesanos, etc., maestros y aprendices en una época super saturada y fragmentada en islas. Ellos experimentan su curiosidad-iniciativa, mientras la mayoría está algo asustada, y otros se han anclado, desconcertados, en el deseo de volver a tener lo que se ha tenido. Sólo parece encontrarse a gusto el gran capital, o los muy ricos, y mejor en un paraíso fiscal. Si bien apuesto porque la empresa futura será de los viejos, que no habrá quien los retire por no existir dinero para su jubilación.